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miércoles, 18 de enero de 2017

Medios mediocres

Como Internet permite que cada persona sea un medio y como las redes sociales son megáfonos de todo (y de nada), los usuarios de la red, y de las redes, tenemos cada vez más responsabilidad frente a lo que publicamos y lo que compartimos. Esa responsabilidad es mayor en la medida en que aumente la influencia.

Hace unos años, para existir siquiera, no digamos ya para alcanzar reputación, un medio de comunicación tenía que ser riguroso en cada nota publicada, tenía que contrastar fuentes, tenía que investigar. Tenía que hacer trabajo periodístico. Con inmensas desventajas, cierto: los costos de producción de estos medios eran (y son) muy altos, cosa que por supuesto lleva a que su propiedad se concentre. Es, cómo negarlo, un hecho positivo que la difusión de información sea haya democratizado con la existencia de Internet y las redes sociales.

Estamos expuestos a una avalancha de información que confunde. Como consumidores, toda esta oferta nos permite la posibilidad de elegir qué leemos, qué vemos, qué oímos. Y esa decisión libre, se ha convertido en una inmensa responsabilidad. Al replicar en las redes sociales una información, cualquiera que sea, el usuario, de no aclarar lo contrario, suscribe lo publicado. Ahí radica la responsabilidad de los lectores.

El mundo político de hoy estaría cantando otras notas si el periodismo hecho en y para Internet, hubiera tenido sentido de la responsabilidad y rigor periodístico. Y esa responsabilidad, recae con especial fuerza en los líderes políticos y sociales que sin criterio replican cualquier titular provocador.

jueves, 1 de diciembre de 2016

Periodismo oportunista (pero un buen oportunista)

Empezar a ver a los que históricamente han sido actores irregulares del conflicto en la cotidianidad del país, en los medios y otros espacios sociales, será una de las consecuencias de la firma del Nuevo Acuerdo. Y eso en principio, es bueno, muy, pero no sin unas consideraciones y no sin establecer algunas responsabilidades que algunos sectores de la sociedad tendrán que asumir al interactuar con estos individuos.

Está muy bien porque en cualquier caso siempre será mejor tener a Everth Bustamante o a Antonio Navarro o a Gustavo Petro, por ahí, hablando, equivocándose, haciendo política, que echando bala, que teniéndolos equivocándose en la ilegalidad lo que equivale a poner en riesgo la vida de la gente.

Pero es importante que la nueva realidad le plantee a los actores determinantes de la sociedad su papel histórico. Desde que en el Teatro Colón se firmó el Nuevo Acuerdo, los negociadores de las FARC y Timochenko han empezado a verse en sitios y momentos que hace seis meses eran impensables: aparecen en la radio de la mañana dando largas entrevistas y también en los espacios de opinión y debate en la televisión por las noches. Y sí, llegamos a un acuerdo para convivir con ellos, como conciudadanos de alguna manera civilizados. Pero desde esta orilla no podemos olvidar de quién se trata. De aquí en adelante la ciudadanía tendrá que ser implacable con ellos y hacerles todas las preguntas difíciles que pueda, es la obligación de la sociedad civil incomodarlos, en democracia, con respeto, pero incomodarlos.

Todo el tiempo periodistas y medios tienen en sus espacios y en sus entrevistas a presidentes, políticos, opositores y congresistas. A todos los arrinconan, a todos los incomodan. Y eso es lo que se espera de los medios. Pero al final de cuentas y mal que bien, esos son los señores que han vivido en democracia, están en la legalidad. La misma delicadeza se esperaría cuando se enfrentan a estos personajes que sí, son desconocidos y hay muchas preguntas que los rodean pero, de nuevo, hay preguntas de preguntas, cosas más importantes que otras.

Para el oficio del periodismo no está bien que una periodista como María Jimena Duzán ande preguntándoles a Timochenko y a Carlos Antonio Lozada si habían ido a cine o si habían comprado su ropa en Arturo Calle. Tampoco es comprensible que llegue al extremo de insinuar una coquetería con alguno de ellos dos cuando dijo que se veía muy buen mozo en la foto de su libreta militar. El deber de María Jimena en ese foro no es el de complacerlos, y si para dar esa entrevista la condición es adularlos, pues mal hizo ella en aceptar la condición.

El periodismo colombiano tiene la oportunidad histórica de ser veedor de un proceso de paz y su implementación. Haciéndolo con juicio, será el punto de quiebre para que la ciudadanía recupere algo de confianza en las instituciones, para que después de un proceso serio, con el respaldo de medio mundo y con la consecuencia lógica de menos muertos, los colombianos del futuro digan siempre que sí y nunca jamás que no.